Investigación acción participativa (IAP) en el trabajo de grado: la tradición de Fals Borda y cómo diseñarla bien (2026)
Hay una escena que se repite en las asesorías de trabajo de grado en Colombia. El estudiante dice «voy a hacer investigación acción participativa» y describe, sin darse cuenta, un estudio convencional con encuestas: la comunidad responde, él analiza, él escribe, él se gradúa. El director frunce el ceño. Y en la sustentación llega la pregunta que hunde el proyecto: «¿en qué parte de esto participó la comunidad, exactamente?».
La IAP es probablemente el enfoque metodológico más nombrado y peor aplicado en los trabajos de grado colombianos, y hay una razón histórica para ello: nació aquí, se volvió parte del vocabulario académico del país y, en el camino, se desgastó hasta convertirse para muchos en un sinónimo elegante de «hice trabajo de campo». Esta guía recupera lo que la IAP realmente es en la tradición que la fundó, y traduce eso en decisiones concretas de diseño que puedes defender ante un jurado.
Primero, una distinción que ahorra correcciones: IA no es IAP
La investigación-acción (IA), en su forma más difundida, es un ciclo de mejora de la propia práctica: un docente detecta un problema en su aula, planifica una intervención, la aplica, observa y reflexiona, y vuelve a empezar. Es una herramienta poderosa y perfectamente válida — si tu caso es ese, el material específico está en la guía de investigación-acción aplicada a un contexto educativo, con sus fases y sus criterios de rigor.
La investigación acción participativa es otra cosa. Comparte la idea de que investigar y transformar van juntos, pero cambia el sujeto: no es el profesional mejorando su práctica, es una comunidad organizada produciendo conocimiento sobre su propia situación, con el investigador como uno más del proceso. El desplazamiento no es de vocabulario, es de poder — y ese es precisamente el punto que el jurado va a examinar.
De dónde viene: una metodología nacida en Colombia
La IAP tiene padres reconocibles y una geografía concreta. Orlando Fals Borda, sociólogo colombiano y fundador de la Facultad de Sociología de la Universidad Nacional, publicó en 1970 Ciencia propia y colonialismo intelectual, y desde entonces desarrolló, junto con experiencias como La Rosca de Investigación y Acción Social en Colombia, un programa de investigación que buscaba producir conocimiento con las comunidades campesinas e indígenas y no sobre ellas.
Ese programa no fue una excentricidad local. En el Simposio Mundial de Cartagena de 1977 confluyeron experiencias de todo el Sur global —Bhoomi Sena en Maharashtra, India; Bunju en Tanzania; el trabajo de Paulo Freire en Brasil— y la IAP quedó instalada como corriente internacional. Cartagena es, para esta metodología, el lugar donde el campo se reconoció a sí mismo.
Para un trabajo de grado colombiano esto tiene una consecuencia práctica muy concreta: tienes acceso directo a la literatura fundacional en español, publicada en revistas colombianas de acceso abierto. No dependes de traducciones ni de manuales de segunda mano. Es una ventaja que casi nadie aprovecha, y se nota en la bibliografía.
Qué es la IAP según su propia tradición
En un balance de los principios de esta corriente publicado en la Revista Colombiana de Sociología —Miguel Antonio Borja, «Fals Borda. Principios de una ciencia nueva», vol. 47, n.º 2 (2024)—, se recogen las definiciones del propio Fals Borda. Vale la pena leerlas literalmente, porque cada una es un criterio de diseño disfrazado de frase:
La investigación acción participativa es «una vivencia necesaria para progresar en democracia, como un complejo de actitudes y valores, y como un método de trabajo, que dan sentido a la praxis en el terreno… una filosofía de la vida que convierte a sus practicantes en personas sentipensantes».
Y sobre el corazón del asunto, la participación:
Participar «es realizar un ejercicio de voluntad de poder, para romper la relación asimétrica de sumisión y dependencia implícita en el binomio sujeto/objeto. Tal es su esencia auténtica».
Ahí está el examen completo de tu diseño en una sola línea. Si en tu proyecto sigue habiendo un sujeto que investiga y un objeto que es investigado, no estás haciendo IAP, cualquiera que sea el título de tu capítulo metodológico. El mismo balance subraya un punto que el estudiantado suele invertir: la variable central de la investigación participativa no radica en la acción, sino en la participación — en la naturaleza del diálogo y del contacto entre quienes producen el conocimiento.

Las técnicas que la propia tradición nombra
Fals Borda no dejó la IAP en el terreno de la declaración de intenciones. En su obra de 1998 enumera un conjunto de técnicas —recogidas también en el balance citado— que funcionan muy bien como lista de verificación de tu diseño:
- Empatía y observación participante. Estar dentro, no visitando.
- Interdisciplinariedad. El problema de la comunidad no respeta las fronteras de tu pénsum.
- Verdad relativa, verosimilitud y sentido. El criterio de calidad no es la generalización estadística sino que el relato resultante sea reconocible y útil para quienes lo vivieron.
- Recuperación histórica. Reconstruir con la comunidad su propia memoria: archivos familiares, actas, fotografías, relatos de mayores.
- Restitución o devolución del conocimiento. Los resultados vuelven a la comunidad en un formato que puede usar. Este es el requisito que más trabajos de grado incumplen.
- Comunicación simétrica, estructura comunicativa y equilibrio comunicativo. Quién habla, quién decide la agenda, en qué lenguaje se discute.
Fíjate en lo que no aparece en esa lista: no hay una batería de instrumentos exclusivos de la IAP. Puedes usar entrevistas, talleres, cartografía social, líneas de tiempo, grupos de discusión, incluso una encuesta. Lo que hace participativa a la investigación no es la técnica, es quién decide qué se pregunta y qué se hace con la respuesta.
Cómo se traduce esto en un diseño de trabajo de grado defendible
Un jurado colombiano razonable no te va a exigir que refundes La Rosca en dos semestres. Lo que sí va a evaluar es la coherencia entre lo que declaras y lo que ejecutas. Estas seis decisiones concentran esa coherencia.
1. Define la comunidad y el problema con la comunidad, no antes
El error más común es llegar con la pregunta de investigación ya escrita y buscar una comunidad que la acepte. En IAP la formulación del problema es parte del proceso participativo. Si por razones de calendario académico necesitas presentar una propuesta antes de ese diálogo —y casi siempre es así—, escríbela como propuesta de proceso, no de hallazgo: «se acordará con la organización X el problema prioritario» es honesto; «se determinará el impacto de Y sobre Z» ya prejuzga.
2. Deja constancia escrita de los acuerdos
Actas de reunión, acuerdos de trabajo, minutas de los talleres. Sirven para tres cosas a la vez: son evidencia del carácter participativo, son tu trazabilidad metodológica y son la protección de la comunidad si algo se malinterpreta después. Un anexo con las actas vale más que tres párrafos explicando que hubo participación.
3. Diseña la devolución desde el cronograma, no al final
La restitución del conocimiento tiene que estar en tu cronograma con fecha, formato y responsables: una cartilla, una jornada de socialización, un mapa impreso, una emisión en la emisora comunitaria. Si la devolución aparece solo como una frase de buenas intenciones en las conclusiones, el diseño falla en su elemento más característico.
4. Resuelve la ética antes de la primera visita
Trabajar con comunidades activa dos obligaciones distintas y ambas se revisan. La primera es el aval del comité de ética y la clasificación del riesgo de tu estudio, que en IAP rara vez es trivial porque tocas historias de vida, conflictos y a veces situaciones de vulnerabilidad. La segunda es el tratamiento de datos personales y la autorización que exige la ley de habeas data, con un matiz propio de la IAP: cuando la comunidad quiere ser nombrada y reconocida como coautora del conocimiento, la anonimización automática deja de ser la opción por defecto y pasa a ser una decisión que debes acordar y documentar.
5. Declara tu posición en el texto
La IAP asume que el investigador es parte del proceso y no un instrumento neutral. Eso no es una licencia para la arbitrariedad: es una obligación de explicitar desde dónde miras, qué relación previa tienes con la comunidad y cómo eso afecta lo que ves. Un apartado breve de posicionamiento en el capítulo metodológico es señal de rigor, no de debilidad — y desactiva de antemano la crítica de sesgo.
6. Escribe la voz de la comunidad como voz, no como dato
La diferencia entre un informe de IAP y un informe convencional se nota en el capítulo de resultados. Si todas las citas de los participantes están troceadas en categorías que tú definiste, el texto delata que la participación terminó en la recolección. Deja tramos de relato con su lógica propia y muestra dónde el análisis se construyó conjuntamente.

Cómo se defiende el rigor cuando no hay muestra representativa
La objeción clásica llega en la sustentación con forma de pregunta ingenua: «¿y esto se puede generalizar?». La respuesta correcta no es pedir disculpas ni improvisar estadística. Es explicar el criterio de calidad que tu enfoque sí sostiene.
| Objeción del jurado | Respuesta que sostiene el enfoque |
|---|---|
| «La muestra no es representativa» | La unidad no es una muestra de una población sino un proceso situado. El criterio es la verosimilitud y el sentido para quienes lo vivieron, más la trazabilidad de cómo se construyó cada afirmación. |
| «Usted es parte del proceso, hay sesgo» | La implicación está declarada y documentada; el control no es la distancia sino la validación con los participantes y el registro de los desacuerdos, no solo de los consensos. |
| «Esto parece un proyecto de intervención social, no una investigación» | Hay pregunta, hay construcción sistemática de evidencia, hay análisis y hay resultado transferible. La acción no reemplaza el análisis: lo pone a prueba. |
| «¿Dónde está la teoría?» | El diálogo entre saber popular y saber académico es un compromiso teórico explícito de la tradición, no una ausencia de marco. Se argumenta, no se omite. |
Una recomendación adicional: incluye en tus limitaciones los desacuerdos internos de la comunidad y las decisiones que no fueron participativas por restricciones de calendario o de recursos. Reconocerlas fortalece el trabajo; ocultarlas es la vía más rápida a que el jurado las encuentre solo.
Cuándo NO elegir IAP para tu trabajo de grado
Es un enfoque exigente y hay situaciones en las que elegirlo garantiza un mal resultado:
- No tienes acceso sostenido a la comunidad. Dos visitas y un grupo focal no son un proceso participativo. Sin continuidad, el diseño se cae solo.
- Tu calendario es de un semestre corto. La construcción de confianza es lenta y no se puede acelerar con buena voluntad.
- La organización no quiere participar en el análisis. Es legítimo: muchas comunidades ya están saturadas de investigadores. Si te piden entregar resultados y nada más, respétalo y cambia de enfoque.
- Lo que realmente quieres es documentar una experiencia ya ocurrida. Para eso existe otra ruta, con su propia tradición y sus propios criterios: la sistematización de experiencias, que reconstruye el proceso vivido en lugar de abrir uno nuevo.
Y una nota de calendario académico: la modalidad bajo la que se inscribe una IAP cambia entre programas —a veces es monografía, a veces intervención sociocultural, a veces práctica—, así que confirma en tu reglamento qué modalidad de opción de grado la admite antes de comprometerte con una comunidad.
Preguntas frecuentes
¿La IAP es cualitativa?
Predominantemente sí, pero no por definición. Nada impide que un proceso participativo produzca y analice datos cuantitativos —un censo comunitario, un registro de precios, una medición ambiental—; lo decisivo es quién define qué se mide y quién interpreta el resultado.
¿Necesito que la comunidad firme como coautora?
No es obligatorio y depende del reglamento de tu programa, que casi siempre exige autoría estudiantil individual o en pareja. Lo que sí puedes hacer siempre es reconocer explícitamente la coproducción en los agradecimientos y en el propio texto, y acordar con la comunidad cómo quiere ser nombrada.
¿Cuántos talleres o encuentros «son suficientes»?
No existe un número de referencia y desconfía de quien te dé uno. El criterio es de proceso: hay suficiencia cuando las decisiones importantes —qué se investiga, cómo se interpreta, qué se devuelve— se tomaron conjuntamente y hay registro de ello.
¿Puedo hacer IAP con una organización urbana, una empresa o un colectivo digital?
Sí. El origen rural y campesino es histórico, no una restricción de aplicación. La condición es la misma en cualquier contexto: que exista un colectivo con capacidad de decidir sobre el proceso.
¿Qué leo primero si nunca he trabajado con esta tradición?
Empieza por literatura colombiana de acceso abierto: los balances publicados en la Revista Colombiana de Sociología —por ejemplo el artículo de Borja ya citado, o «Hacia una experiencia profunda dentro de la Investigación Acción Participativa», de Urdapilleta y Limón, vol. 41, n.º 1 (2018)— dan el mapa conceptual con referencias primarias. Y para la historia de los primeros años, la reseña de El cobarde no hace historia. Orlando Fals Borda y los inicios de la investigación-acción participativa, de Joanne Rappaport (Editorial Universidad del Rosario, 2021), ubica el contexto.
El capítulo metodológico es donde se gana o se pierde
Casi todos los trabajos de grado que declaran IAP y no la sostienen fallan en el mismo punto: el capítulo metodológico describe técnicas en vez de describir relaciones. Escribe quién decidió qué, en qué momento, con qué registro y qué pasó cuando hubo desacuerdo. Ese es el material que convierte una declaración de enfoque en una demostración de enfoque.
Si estás armando ese capítulo ahora, puedes estructurar tu trabajo de grado en Tesify y mantener en un mismo lugar el cronograma del proceso, las actas de los encuentros, las referencias de la tradición y el borrador de cada capítulo mientras el trabajo de campo avanza. La relación con la comunidad la construyes tú; lo que la herramienta hace es que no se te pierda el registro de cómo la construiste.
